fierro
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Carlos era visto, pese a su corta e imberbe edad, como una solución. El pueblo tapatío descargaba sus esperanzas en él, y esperaba que tuviera el mismo rendimiento que en la justa mundialista de su categoría donde había sido piedra angular  en el aparato ofensivo del equipo, y un referente del público mexicano por la imagen y carisma que proyectaba. Esto era muchísima presión para un juvenil que aún estaba muy inmaduro en todos los aspectos.

Fierro continuó teniendo participaciones regulares con el primer equipo, pero al igual que el resto de sus compañeros, no lograba mostrar el nivel deseado  ni explotar sobre el campo de juego las virtudes que lo marcaron durante ese verano del 2011 en México, y que inclusive lo llevaron a aparecer en la órbita de varios clubes europeos como el Arsenal.

Así, el delantero mexicano se fue atascando junto con el club. Pese a evidenciar ciertos detalles técnico-tácticos importantes, no era capaz de influir positivamente en el accionar colectivo del equipo, ni sobresalir individualmente mediante sus propios recursos, los cuales corresponden a características bastante atractivas.

Desde el torneo de su debut en el Apertura 2011, hasta la campaña anterior, el Apertura 2013, Carlos Fierro registró números muy pobres. En 2612 minutos, repartidos en 51 partidos, apenas sumó dos goles y tres asistencias, registros que quedan cortos por las posiciones que ocupa, las cuales van desde ser el centro delantero, media punta y extremo por cualquiera de las dos bandas -esta ultima quizás donde mejor rinde-. O sea que habita zonas muy cercanas al gol, y donde también tiene la facilidad de asistir por el buen juego que despliega en tres cuartos de cancha.

Pero lo que le hacía falta a Carlos era confianza, seguridad, y desde luego crecer un poco más. Y eso es lo que ha conseguido con el regreso de José Luis Real, y su proyecto de estabilización. El Güero trabajó con él en fuerzas inferiores del Rebaño Sagrado, o sea que lo conoce bien. Por tal motivo, Fierro en los primeros partidos del presente torneo, ha evidenciado un mayor relieve a su accionar individual, dándole más relieve y volumen a la propia influencia que puede aportar al equipo.

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José Luis Real ha apostado por una formación e idea de juego que satisface las virtudes del equipo y de Carlos Fierro. Un 4-2-3-1, donde Fierro estira por derecha como extremo puro, mientras que Omar Bravo cierra por izquierda –con diagonales interiores- como falso extremo, dejando a Rafael Márquez Lugo como media punta y a Aldo De Nigris como centro delantero. Atrás de ellos, dos medio centros. Israel Castro con mas labores defensivas, con distribución en corto y guardando su posición. Mientras que Jorge Enríquez con la función de ser un ‘box-to-box’, que le permite atacar espacios en ataque acompañando la transición de la jugada.

Chivas cede el balón y la iniciativa. Busca juntar sus líneas, sobre todo a los medio centros con la línea de cuatro que impera en el fondo. Esto con el objetivo de conformar un bloque sólido y solvente en la zona baja, para que tras recuperar y controlar el balón, lanzar latigazos en busca de los delanteros, especialmente Bravo y Fierro, quienes en el arranque sacan ventaja con velocidad. Sirviendo como válvulas de escape para salir en contraataque.

Este contexto beneficia al 21 del Guadalajara, quien en velocidad y con espacio, logra desplegar su mejor versión. Se siente libre, cómodo y con los metros suficientes para ejecutar sus jugadas. Y es que Fierro tiene muy buen regate en largo y con balón en movimiento. No importa si va a máxima velocidad, ya que por su composición físico-atlética, tiene la capacidad de profundizar aprovechando su liviana figura, así como sus escurridizos movimientos. Es un jugador muy ligero, que vuela y tiene mucha movilidad si se le generan espacios –se puede mover por toda la línea de media puntas-. Y eso es precisamente lo que está haciendo José Luis Real con las Chivas y el rol que le otorga a Carlos Fierro, quien sin tener tanta participación en el juego con toques constantes, esta sabiendo aprovechar los instantes que tiene el balón para generar rupturas, desequilibrio y ser una fuente referente de gol para De Nigris y Márquez Lugo.

Pero así como El Güero Real  fomenta la generación de espacios, también son importantes los movimientos que ejecuta Fierro sin la posesión del balón. Esa es quizás su mayor virtud en las primeras dos jornadas. Ya que sabe aislarse del marcador. Se escora preferentemente a la banda para abrir y estirar a la zaga con la misión de exponer los carriles que hay entre ellos, para que tras la recuperación de la posesión, tenga espacio al cual atacar y explotar en velocidad. Preferentemente si los servicios que lo buscan son al hueco o adelantados, ya que si son a su cuerpo, se limitara su rapidez así como su movilidad. Entre menos tiempo tenga el balón, mejor. Su juego se define en ráfagas, aportando dinámica y velocidad.

Este es el Carlos Fierro que hemos visto en este inicio de año. Con seguridad, atrevimiento y comodidad en el rectángulo verde. Aspectos que se habían ido diluyendo con el paso de las grises temporadas a las que era sometido con el conglomerado chiva. Pero que ahora ha revivido. El Carlos Fierro que conocimos en el Mundial Sub-17 poco a poco va regresando y explotando. Su confianza ha regresado.

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