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León llega la final del futbol mexicano como el equipo más espectacular de la liguilla. Mostrando un funcionamiento colectivo voraz, agresivo y efectivo, que le permite pasar por encima de sus rivales con asidua facilidad. Ejemplo de esto son los marcadores tan abultados que la entidad leonesa registra en la presente liguilla: 7-3 a Morelia y 5-2 a Santos en marcador global. Rivales competitivos, pero que se vieron rebasados por las altas dosis de intensidad y agresividad de La Fiera.

Gustavo Matosas presenta un 4-4-2, que en la práctica y en la transición ofensiva muta a un 4-3-3 por las diagonales interiores que ejecuta Luis Montes, quien parte por derecha pero debido a su perfil interior, gusta de meterse al centro y entrar en la dinámica del juego con su buen rango pase, visión y asistencia.

Mientras que Matías Britos abre su posición unos metros hacia la derecha, dejando a Boselli como centro delantero.

León es un equipo muy intenso, agresivo y ofensivo. Además de imponerse y defenderse mediante la posesión del balón; también gusta dominar posicionalmente, es decir que sus jugadores ganen con su posición metros, y sean más influyentes que los elementos contrarios. Esto hace que La Fiera, domine en campo contrario. Someta al rival hasta asfixiarlo, atacándolo por todos los frentes de ataque. Ya sea con la amplitud y profundidad que da Burbano; la creatividad y movimiento entre líneas de Montes; los recorridos ofensivos de Peña para atacar espacios y capitalizarlos; o bien, la coordinación ofensiva que presenta Boselli con Britos, al evidenciar características y movimientos complementarios.

En su mayoría, la plantilla del León es hiperactiva, no para de correr. Quizás los elementos más tranquilos sean Rafael Márquez, fiel a su estilo estético y técnico; así como Juan José Vázquez, medio centro de equilibrio y posicional, por el cual gira todo el juego leonés, y el encargado de activar la maquinaria ofensiva del equipo. Es el jugador más inteligente que tiene Gustavo Matosas. Fuera de ahí, el vértigo, cambio de ritmo y explosión en velocidad, son el ADN de su equipo.

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Pero así como La Fiera gusta adueñarse de las acciones del partido y ser un constante protagonista con el balón en posesión, también ostenta una faceta donde gusta salir al contraataque tras replegarse. En este mecanismo, tanto Burbano como Edwin Hernández, Britos y Peña, encuentran un panorama acorde con su velocidad, y a la capacidad que tienen  sus piernas para romper al espacio. Y aunque este estilo de juego apela a las características de muchos de sus futbolistas, no es la mejor ni la más sana propuesta, ya que León tiene problemas para defenderse. La zaga central es muy lenta, al igual que Magallón –lateral derecho-. Además, Yarbrough presenta francas debilidades para salir a cortar servicios laterales. Ya sean tiros de esquina, táctica fija o centros al corazón del área en el desarrollo del juego.

Así que permitir que el contrario avance metros y tenga control en su propia mitad no es la mejor idea, pese a que ofensivamente si lo sea por los espacios que se generan. Ya que además, el trabajo de recuperación de la pelota no es el mejor, aunque si intenso como sus principios colectivos marcan.

Por lo que defenderse mediante la posesión del balón y generar superioridades numéricas –en campo rival- con la proyección de los laterales, así como las constantes rupturas del Gullit Peña en ofensiva para copar el área y esperar segundas jugadas, además atacar los distintos carriles del campo, son el mejor planteamiento que el estratega argentino puede plasmar, y que de hecho pone en ejecución en todos los partidos para generar contextos a favor de sus dirigidos.

Este es el León. Un equipo que desde su regreso a primera división, ha enamorado a propios y extraños. Siempre en pro del juego vistoso y ofensivo. Características que logra plasmar mediante un concepto e ideas claras, las cuales circundan por establecer un sistema que satisface los rasgos de cada uno de sus elementos, y que además propicia la explosión de sus virtudes. Esquema donde tienden a ejercer tareas que su naturaleza les exige para rendir al máximo, y con ello catapultarse a la élite del futbol mexicano en el plano colectivo e individual, que hoy los coloca en la disputa del título.

Teniendo como sus rasgos más importantes la hiperactividad de sus jugadores, con la cual buscan ser agresivos, verticales, directos, con transiciones rápidas, y siempre ganando metros a base de un recorrido –en bloque- voraz, que abraza al rival dejándolo con poca o nula capacidad de respuesta. Dejando en manifiesto cual el estilo que los identifica y los diferencia de los demás. Siendo la intensidad su más valiosa identidad.

 

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