villas boas
Dailymail.co.uk

André Villas Boas decidió para el presente curso, hacerse de siete jugadores nuevos tras la salida de Gareth Bale, quien en campañas anteriores –especialmente la pasada- había sido el punto diferencial de los Spurs. Ante esto, el portugués optó por rediseñar su proyecto con una inversión económica bastante importante de alrededor de 120 millones de Euros en fichajes. Todo con el objetivo de colocar al Tottenham en la élite del futbol inglés y buscar su regreso a la Champions League, cita donde no clasifican desde 2010 con aún Harry Redknap en el cargo.

El equipo de White Hart Lane logró componer una plantilla bastante competitiva y atractiva, que incluso se ganó los halagos de José Mourinho: “Tottenham es un gran contendiente. Compraron jugadores de mucha calidad”, expresó el lusitano en rueda de prensa. Y así es, Villas Boas de la mano de Franco Baldini –director deportivo- y el siempre polémico Daniel Levy, lograron inyectar individualidades de gran nivel al club, todos ellos titulares indiscutibles y estrellas en su antiguo equipo. Pero sobre todo en un rango de edad óptimo para pensar en que pueden formar parte del futuro a mediano y largo plazo de la entidad inglesa.

Roberto Soldado, Paulinho, Erick Lamela, Erick Lamela, Christian Eriksen, Vlad Chiriches y Etienne Capoue, llegaron para complementar una ya competitivo equipo, pero que le faltaba dar un salto de calidad para ser verdaderamente un rival a considerar para luchar por la cima de la Premier League. Ya sea para alcanzar el título, o bien para asegurar puestos de Champions League.

Y lo que pintaba como una temporada bastante prometedora para el aficionado Spur, se ha tornado un tanto turbulenta y con el paso de las semanas con más preguntas que respuestas. Y es que Villas Boas no ha podido darle una identidad colectiva al todavía cúmulo de individualidades que predomina en el césped de White Hart Lane. Dando ciertos esbozos sobre la idea de juego que pretende ejecutar, pero sin que esta sea plasmada de forma contundente o cerca de serlo. Y que en un análisis más profundo podemos identificar que el rumbo por el que está apostando no sea el mejor tomando en cuenta las virtudes y características de los jugadores que tiene.

Tottenham desde el comienzo de la temporada ha apostado por un 4-3-3 o bien 4-2-3-1, en donde pretende dominar el juego a base de largas posesiones en campo rival, así como de un dominio posicional con la ayuda de superioridades numéricas, tanto por los laterales como por el medio centro ofensivo, quien en este caso es Paulinho, un box-to-box que constantemente abandona su zona y se incorpora violentamente en ofensiva, llegando fácilmente al área y copándola. Defendiéndose con el balón en sus botas, marcando el ritmo el partido. Estilo que en el papel pinta muy atractivo y coherente con la presencia de algunos de sus jugadores, pero que hasta ahora ha resultado improductiva. Cosa que se puede ver en la magra cantidad de goles hechos en 11 partidos de Premier League: 9 –Soldado con 4, Sigurdsson 3, Paulinho y Townsend 1- con un promedio de 59.3 por ciento de posesión en sus partidos, cifra que los coloca como el séptimo equipo con mayor posesión de las denominadas Top 5 ligas de Europa.

El problema del estilo de juego que esta implementado Villas Boas recae en tres cuartos de cancha, ya que la salida y elaboración es bastante buena. Y es que en esa zona tan alta del campo, Tottenham concentra demasiadas unidades, cosa que no es mala ya que gana en número, pero no espacialmente, ya que la mayoría de los involucrados tienden a jugar hacia el centro, tanto por sistema como por costumbre, comodidad o naturaleza.

Villas Boas opta por colocar a los jugadores exteriores –Lamela, Townsend, Chadli, Lennon y Sigurdsson- a perfil cambiado para enganchar hacia el centro –su perfil natural- y buscar disparar a portería. Aspecto que debería equilibrarse con la proyección de los laterales, tarea que no logran ejecutar de forma óptima, especialmente por izquierda, ya que tras la lesión de Danny Rose, Jan Vertonghen tuvo que ser habilitado nuevamente como lateral zurdo, función que no hace mal, pero no es brillante, especialmente con la pelota en los pies y corriendo hacia adelante. Mientras que Kyle Wlaker ejecuta sus recorridos ofensivos medianamente –pobres- pese a tener una buena vocación ofensiva. Esto le quita amplitud, profundidad y variantes ofensivas en tres cuartos de cancha al Tottenham, quien ve como sus volantes abiertos concentran su juego por dentro sin que este obtenga resultados positivos.

De igual forma, la presencia del centro delantero, quien normalmente es Roberto Solado, se vuelve un imán  y un integrante más por el interior de la cancha. Cosa que no le beneficia ya que es un “9” que se activa con centros laterales y teniendo el marco de frente, no de espaldas para servir de poste para el apoyo de los extremos que enganchan hacia el centro. Soldado no tiene tanta movilidad para rendir en esta idea de juego. Fuera de su zona de confort se pierde. Por lo que entre menos movimientos ejecute y más tiempo pase cara a portería arrojará mejores notas.

Asimismo, el sobre cupo por el centro del campo aumenta aún más con las continuas incorporaciones de Paulinho en dirección al área y portería. El brasileño parte de la cintura de la cancha. Participa con uno o dos toques para enrolarse en la dinámica del equipo y ayudar en la elaboración, para después hacer un recorrido en ofensiva para ser una opción más de asistencia o buscar una segunda jugada. Este movimiento lo hacía desde el Corinthians y durante la Copa Confederaciones con Brasil lo realizaba maravillosamente.

Todos estos movimientos invaden el radio de acción y zona de mayor influencia del media punta en turno, quien aún no está definido dentro del esquema de André Villas Boas. Esa posición se rota entre Eriksen, Holtby, Sigurdsson y Dembelé, con Lamela y posiblemente Nacer Chadli todavía por probar. Por lo que el elemento en esa zona no logra desarrollar y plasmar su mejor versión debido al poco espacio con el que cuenta, rellenado tanto por sus compañeros como por los defensores rivales, quienes por inercia marcan y defienden por el centro. Así que la creatividad, último pase o ruptura interior que pueda hacer este jugador queda muy mermada. Un ejemplo de esto son las pocas asistencias que reflejan los ocupantes de dicha posición:

Jugador

Goles

Asistencias

Eriksen

0

1

Holtby

0

0

Sigurdsson

3

0

Dembelé

0

0

Lamela

0

1

Chadli

0

0

Solo con Paulinho y Soldado con más asistencias: 2. Números que representan la poca libertad que el media punta tiene para influir en el juego.

Estas acciones colectivas que presenta el Tottenham, reditúan en un ataque improductivo e inoperante, que al verse estancando en tres cuartos de cancha con pocas vías de profundidad para buscar gol, optan por recurso natural comenzar a ejercer conexiones laterales y hacia atrás. Esto hace que los Spurs sigan dominando en posesión, inclusive en campo rival, pero sin logra su objetivo final. Provocando que su juego entre en un círculo vicioso de un carrusel de pases sin sentido.

Así que una opción para este problema sería cambiar la propuesta de juego que pretende Villas Boas, y optar por un juego más directo, vertical y mucho menos elaborado. Por lo que ceder la iniciativa al rival, ejercer un repliegue medio o inclusive bajo, y salir a máxima velocidad hacia el frente sería una opción real y atractiva para el equipo. Villas Boas tiene los componentes para hacerlo. Con ello aprovecharía la velocidad de Chadli, Lamela y especialmente la de Lennon y Townsend, quienes entre menos asociación y más espacio tengan para correr su futbol aflorará. Lo mismo pasaría con Paulinho, un medio centro que basa su juego en potencia y atacar espacios. Quienes además se verían proyectados por jugadores de buen pie como el caso de Dembelé o Capoue; además de conseguir bastante continuidad y fluidez en la transición con elementos como Holtby, Sigurdsson o Eriksen, que en rapidez y rupturas no son lo más fuerte pero si en saber distribuir, soltar a tiempo, jugar de primera intención (un solo toque) y jugar con la portería de frente.

Aquí el problema que saltaría sería que delantero escoger, si Defoe, quien es más rápido y directo que Soldado; o bien, el español que tiene más continuidad en su juego y la oportunidad tanto de recibir servicios laterales o ser asistido entre líneas y en profundidad, estando él de frente al marco, donde sale su mejor versión y se siente más cómodo.

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