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Es el delantero de moda en España y en el futbol internacional, o por lo menos del que más se ha hablado en las últimas semanas, así como en el presente curso, donde su equipo, el Atlético de Madrid, ha enamorado a más de uno con su estilo sólido y solvente en defensa; pragmático y fluido en medio campo; y explosivo y profundo en ataque. Pero sobre todo por el amor, sacrificio e intensidad que muestran los colchoneros en cada acción del partido. Característica que deja claro el sello de Diego Simeone, quien ha encontrado en Diego Costa no sólo a un goleador y volante capaz de romper esquemas, sino quizás a uno de los jugadores más incómodos en la actualidad del deporte rey.

Los números de Costa en la presente campaña son escandalosos: 16 tantos en 14 partidos tomando en cuenta Liga y Champions League, donde en la competencia local se da el lujo de competir mano a mano con Cristiano Ronaldo (11 dianas cada uno), rompe-redes y records de los últimos años a nivel mundial; así como situarse por encima de un mermado Lionel Messi que apenas suma 8 goles, pero que seguramente con el paso de las jornadas aumentará considerablemente su cosecha.

Pero las estadísticas no son el reflejo total del juego y personalidad de Diego Costa. Si bien dan una radiografía exacta de lo que logra producir tangiblemente sobre el terreno de juego, y que lo catapultan como un delantero certero de cara al marco; la dimensión de sus acciones van mucho más allá, son más profundas y dignas de analizar. Ya que es un atacante completo, único y capaz de poner de cabeza a cualquiera, no sólo en el plano futbolístico sino también en el mental.

Muchas veces su comportamiento no podrá gustarnos. Sus gestos o ademanes podrían parecer obedecer a otros lineamientos que no van con el de un futbolista de élite, pero esa es su personalidad y modo de vivir el futbol. Es duro con su mirada, continuamente se le ve con el seño fruncido. Su cara expresa seriedad, firmeza e inclusive arrogancia. Si como rival le reclamas algo, él te contestará con el doble de energía y violencia en sus movimientos. Te provocará, empujará,  te echará la culpa frente al árbitro, y en acciones divididas o de choque seguramente dejará uno que otro golpe para no irse limpio. Estos son ejemplos de su carácter combativo y ambicioso para salir siempre victorioso ante cualquier duelo. Como si su misión fuera incomodar y hacer rocosa la vida de su marcador en turno. Sino pregúntenle a Pepe y Sergio Ramos, ya que ha podido con ambos. Llevándolos a la desesperación y frustración ante tanto desgaste y competencia por sobrevivir en contextos tensos y cerrados como son los derbys madrileños. Obligándolos a cometerle faltas, ante la enjundia y energía negativa que Costa les genera. Inclusive dejándolo como víctima, cuando él ha sido igual o más responsable de estas acciones. Este es el juego mental del ahora jugador español.

Mientras que en el plano táctico y deportivo las cosas no cambian. La incomodidad y desgaste siguen siendo una constante latente, y a la que sus rivales tienen que atenerse para poder parar de cierta forma su olfato goleador, que por ahora anda finísimo.

Es fuerte, potente y rápido. Virtudes que usa para ir al choque, para competir por aire o por tierra. Para cubrir el balón o en carrera larga. Para atacar el espacio, ya que ahí es donde mejor se desenvuelve y usualmente gana. Así que en velocidad será difícil pararlo. Por lo que se requiere una marca pegajosa, y físicamente exigente. Ya que además gusta de salirse de su zona y caer en las bandas, o bien retroceder su posición para entrar en la dinámica del equipo para construir.  Así que el defensa habitará zonas desconocidas y fuera de su zona de mayor confort. Confundiéndose e incomodándose por no saber qué hacer en terrenos tan lejanos de su portería. Sin duda una pesadilla.

En el uno contra uno también le hará pasar un mal momento. Si bien no es un experto o se distingue por ser un regateador nato, sí cuenta con varios trucos bajo la manga. Recortes en carrera larga, cambios de ritmo y de dirección con balón estático y en movimiento. Seguramente de igual forma tratará de esconderlo con la suela obligando al defensor estirarse y dejar de lado su pose de perfil.

Asimismo, la incomodidad también llegará sin que este tenga la posesión del balón. Diagonales constantes buscando el desmarque y el espacio, serán habituales en sus movimientos, los cuales siempre serán con la mentalidad de ofender, penetrar y generar rupturas en zonas cercanas a la portería rival. Todo en busca del gol, la mayor incomodidad que puede generar. Teniendo en Koke –líder de asistencias en la liga BBVA- a su mayor y mejor socio.

Pero sus alcances no terminan ahí. Su mentalidad ganadora y ambiciosa le permite adoptar otras facetas del juego: defender. Acción que es primordial bajo los lineamientos de Diego Simeone, quien prepondera la recuperación, equilibrio y recuperación de la pelota para después construir rápidamente en ofensiva. Ahí, Costa ofrece lo mejor de sí mismo. Si Simeone le pide salir abierto en una línea de 5 en medio campo, lo hará incondicionalmente. Presionando la salida del rival, haciéndosela rocosa y difícil en su transición mediante movimiento verticales y en diagonales para cerrar espacios por fuera. Tal y como le hizo contra el Barcelona en la Super-Copa de España. Poniendo una vez más en ejecución su mayor virtud: incomodar.

Este es el modus operandi de Diego Costa. Un jugador que vive a expensas de la inconformidad mental y física de los rivales. Ese parece ser su alimento para nutrir su juego, el de atacar espacios, generar y meter goles. Molestar y desgastar a sus marcadores. Así se siente cómodo. Es como percibe, comprende y plasma su vida dentro del rectángulo verde. Tanto es así que tuvo a dos naciones esperando su decisión final sobre qué selección iba a representar, decantándose por la española. Dejando en claro cual es su identidad. La de un monumento a la incomodidad.

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