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11 goles y 3 asistencias en los primeros 14 partidos de la temporada, -tomando en cuenta Ligue 1 y Champions League- son el accesorio y maquillaje perfecto para darle aún más volumen a un  inicio espectacular de campaña, donde Zlatan Ibrahimovic es una vez más el hombre clave del Paris Saint German. En quien recae el peso ofensivo del equipo, e inclusive gran parte de las tareas creativas en tres cuartos de cancha. Elevando considerablemente el nivel competitivo del club francés para colocarse como líderes de la liga francesa, y llevar un paso perfecto en el torneo continental. Poniéndolos una vez más en el imaginario futbolístico como una potencia a seguir para el presente curso en Europa. Todo esto gracias a la inspiración del sueco.

Desde su llegada al proyecto qatarí que ahora impera en París, Zlatan se irguió como el líder de éste. Asumiendo la responsabilidad de cargar un peso muy importante dentro de la institución, no sólo en cuanto a imagen, mercadotecnia y publicidad, sino a lo qué ocurre dentro del terreno de juego. Tal fue así que en apenas su primera temporada con la casaca del PSG, anotó 30 goles, alcanzando la marca de Jean-Pierre Papin de la campaña 89-90; así como recibir varios galardones individuales como: Futbolista del Año en la Ligue 1, Equipo del Año de la Ligue 1 y Máximo asistente de la Liga de Campeones de Europa. Todo esto en apenas poco menos de 12 meses.

Para este año, Ibrahimovic no se ha guardado nada. De hecho parece que este curso será igual o mayor espectacular que el anterior. El nivel individual que está presentando es superlativo. Influye totalmente en el accionar del Paris Saint German, y en los alcances que este pueda tener. Se le ve conectado al 100 por ciento tanto física como mentalmente; técnica y tácticamente; y sobre todo, mostrando detalles impresionantes de improvisación y creatividad, para resolver situaciones de presión y contextos cerrados. O bien, simplemente para adornarse y recordarnos que su juego es así, a base de romper esquemas de la forma más espectacular posible. Con gestos técnicos que se comprenden de una gran gama, los cuales se complementan y toman mayor fuerza gracias a su increíble facilidad acróbata para colocar su cuerpo en posiciones, formas y alturas, poco vistas en un futbolista, y más en uno que mide 1,95 metros y pesa 95 kilogramos. Pero que en el horizonte de Ibrahimovic esta es su forma de concebir el futbol y plasmarlo en la cancha. Así se divierte y en lo que va de temporada lo ha dejado claro.

Y es que verle cada fin de semana se ha vuelto un deleite para el aficionado o para cualquiera que decida observarlo en acción. Parte de centro delantero en un 4-3-3, pero abandona su zona hacia media cancha para arrastrar a los defensas centrales, confundirlos y situarlos en terrenos desconocidos para ellos. Y con ello, buscar profundidad exterior con Cavani –a quien ha dejado en segundo término pese a que fue el refuerzo estelar del conjunto francés-, Moura, Menez o Lavezzi. Ya ahí, Zlatan explota sus cualidades con el balón. Se vuelve un imán, un referente para sus compañeros. Recibe perfectamente sin importar cómo venga el servicio. Siempre tiene la capacidad para dormirlo con su cuerpo, y si puede lo amolda orientadamente de cara a la siguiente jugada. Todo esto con el esférico en el piso, donde lo sabe manejar, esconder y colocar donde la acción posterior lo amerite. Es un mariscal y cerebro creativo en tres cuartos de cancha, por el cual pasan como filtro la mayoría de los balones con destino ofensivo del PSG, y donde el juego colectivo adquiere mayor volumen y forma. Todo producto de la imaginación de Ibrahimovic y la visión que tenga en ese momento.

El ex –Barcelona, Milan, Inter, Juventus y Ajax, gusta de retrasar su posición para entrar en contacto con la dinámica del equipo y en la circulación de la pelota, donde aporta criterio, sobriedad y pases verticales en busca de profundidad y rupturas. Rompiendo así con la monotonía que pueda haber, proporcionando mayor ritmo, velocidad e incógnita a la espera de lo que puedan inventar sus botas. Dando muestra de la madurez que ha alcanzado y nivel tan claro de entendimiento e interpretación del juego. “¿Sí Zlatan es mejor que Messi y Ronaldo?, ahora mismo sí. A los 32 años sabes cómo sacar lo mejor de tu talento”, afirmó Arsene Wenger en conferencia de prensa tras los cuatro goles marcados por el sueco en Champions League ante al Anderlecht de Bélgica.

Ya en el área las cosas no cambian. Las altas dosis de inspiración plástica siguen latentes. Si bien ya está en zona de definición –su zona de mayor influencia-, su nivel de improvisación y creatividad crecen aún más. Toques con el talón, con la suela, con parte exterior o interior del pie. Piruetas, acrobacias circenses dignas del circo más reconocido del mundo, chilenas, voleas, cabezazos certeros, o bien, definiciones simples y frías, son algunas de las ejecuciones que vemos a diario en el juego del sueco. Y que hoy, son plasmadas con una naturalidad y diversión que nos invita a pensar que Zlatan está disfrutando el juego más que nunca. “Estoy muy feliz de jugar en París, doy mucho de mí mismo para eso”, acepta el sueco.

A una edad madura, Ibrahimovic está encontrando la felicidad plena en una ciudad mágica que lo ha acogido con los brazos más que abiertos. Provocándole que su juego siga por la misma vertiente, espectacular. Que su creatividad e imaginación para ejecutar maniobras impensables en un campo de futbol, afloren y sean una constante. Qué sus goles y asistencias sirvan para llevar al equipo lejos en todas las competencias. Pero sobre todo que la inspiración del Paris Saint German se llame: Zlatan Ibrahimovic.

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